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El balcón de enfrente

lunes, 26 de diciembre de 2011

LA DESPOSESIÓN. «Sin», de Toni Montesinos Gilbert, en Huacanamo, Barcelona, 2010

La desposesión del ser es uno de los temas esenciales de la poesía contemporánea. El deterioro de la temporalidad, la pérdida del lugar primigenio o la insatisfacción como experiencia del presente son asuntos que fertilizan la lírica actual y forman parte de este sentimiento, que contrasta, por otra parte, con el tópico de una sociedad obsesionada por la posesión —de bienes, de personas, de poder—. Para indagar en la versión más radical de la desposesión ha escrito Toni Montesinos (1972) este libro que acota su propósito de una manera sorprendente desde los títulos; el del libro —Sin—, en el que nunca tres simples letras de una preposición se arrogaron tanto significado, y el de los poemas, que llevan la cuenta de las desposesiones de una manera correlativa e implacable: si un poema se titula «Sin amor, sin cuerpo», el siguiente consignará «Sin cuerpo, sin ser» y tras este seguirá «Sin ser, sin razón»; de esta forma los títulos establecen el desencadenamiento fatal de «la metafísica de lo que no se tiene». Un poema imagina el descubrimiento del manuscrito de Sin tras la desaparición del poeta y el análisis que de él hará la posteridad: «Crítica inquietante a la sociedad de consumo / ensayo sobre la nada interior del hombre…», descripción que proporciona en una estrofa el exacto retrato del sentimiento de desposesión contemporáneo: «los versos para comprender la soledad del urbanita».
El argumento que van trazando los títulos de los poemas, en su encadenamiento de ausencias, parte y concluye en dos textos con el mismo título inverosímil: «Sin suicidio», que es una declaración de límites. De ahí se pasa a «Sin amor» y este es el punto inicial, y también será el final, de la indagación circular, iniciática, por las pérdidas. La del amor —«difunto»— desarticula el sentido del sujeto y lo convierte en vestigios de sí mismo: «agua en charcos, erratas en libros: / migajas de mesa, arrugas, tildes…». La enumeración de metáforas es el primer intento de reconocimiento del sujeto desgajado y fragmentado por la pérdida del amor: «la palabra, siquiera / irracional, lanzada en paracaídas / sobre las trincheras del silencio». El segundo intento será escribir asaeteado por las paradojas: «empapado de sequía» o «tomo / aperitivos de lejía». Enumeraciones y paradojas, espejos astillados donde el sujeto trata de recobrar su identidad, abren las puertas a la expresión de la irracionalidad. De hecho, lo irracional en Sin se plantea como la única vía de comprensión racional de una realidad desasistida de sentido. El lector advierte que no se trata de un ejercicio de escuela vanguardista, sino de una necesidad intrínseca a la expresión.
El penúltimo título, que cierra el círculo que Montesinos traza en torno a lo perdido, encadena dos ausencias: «Sin amor, sin suicidio». Entre la falta esencial y el umbral que no se traspasa, los poemas de Sin proponen una vía de comprensión, la escritura: «Y yo con mi palabra / muerta de vida». Aun impregnada por esta paradoja de raíz mística, el sujeto encuentra su identidad desposeída y la sujeción al mundo del que se había desgajado únicamente en el territorio de la palabra: «Yo / sólo soy / lo que ahora / escribo». Pero la contradicción nace al comprender que la aspiración de la escritura es precisamente la de liberarse del «yo», porque «el yo es el mal… / maléfico es el yo, babosa aglutinante»; una escritura que aspira a dejar al «yo» sin historia, sin aventura, sin contenido, tal como se muestra el ser en la sociedad contemporánea, acaso para así conducirle a la única certeza: «Sin nada más que tú», la desposesión que fragmenta y vertebra al mismo tiempo.

El Ciervo nº 711. Junio de 2010
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