El balcón de enfrente

viernes, 27 de julio de 2018

Forma mínima, máxima expresión. Ramon Dachs



Ramon Dachs, Eurasia, Ediciones Sin Nombre, México, 2003, 264 págs. 
Ramon Dachs, Euràsia, Llibres de l’Índex, Barcelona, 2004, 142 págs. 

La edición en Méjico de Eurasia con el subtítulo palimpsesto lírico mayor 1978-2001 y la edición catalana de Euràsia con el subtítulo 30 anys d’insubordinació literaria als mandarinatges (1974-2003) [30 años de insubordinación a los mandarines literarios] suponen la noticia consolidada de un ciclo poético en el que trabaja el poeta Ramon Dachs (Barcelona, 1959) desde hace más de veinte años. Ambas ediciones, sin embargo, representan sólo dos aspectos parciales de este ciclo: la reescritura en castellano realizada por el autor de los originales en catalán y el ejercicio de reflexión autobiográfica y estética sobre su escritura. Otros aspectos parciales del mismo ciclo ya conocidos son las ediciones en catalán de sus partes en forma de volúmenes convencionales, su conversión en hipertexto para Internet con el título Intermínims de navegació poètica [Intermínimos de navegación poética] y las intervenciones artísticas, entre las que destaca Escriptura geomètrica, escriptura fractal inaugurada en el IVAM de Valencia el 28 de septiembre de 1999.
   La primera singularidad de Eurasia es su condición multilíngüe. Parte Ramon Dachs del catalán, lengua en la que se articula el ciclo entre 1978 y 1999, con incursiones al gallego y al francés. A partir del 2000, el propio poeta inicia un proceso de reescritura del ciclo completo en castellano, cuyo resultado es la edición mejicana aquí comentada.
     El ciclo de Eurasia se inscribe en una doble elipsis, espacial y temporal, que nace, primero, como una intuición de lector y que pronto se consolida como una opción creativa innovadora y original. La primera elipsis es la que nombra el título del ciclo: Dachs percibió la íntimas relaciones poéticas existentes entre las formas breves del extremo oriente, el jaiku japonés y el jueju (cuarteto) chino, y las formas breves del extremo occidental, las cantigas de amigo galaicoportuguesas. Sobre esta gran elipsis espacial, que reúne en una misma imaginación el oriente y el occidente de un vasto continente literario y artístico, el poeta trazó una segunda elipsis temporal: desde la lejanía histórica hasta el presente, hasta su propia obra, a través de la escritura intertextual. Eurasia es la culminación poética de esa fusión de sensibilidades lejanas y tiempos históricos distintos. En una escritura radicalmente contemporánea —su conformación mínima está emparentada con los conceptos, por ejemplo, de la nueva física— se encarna el diálogo directo con el pasado y con el oriente. En el grado irónico de este diálogo, en el que están presentes todas las secuencias y matices, un monóstico dice: «¡chap! ...ondas» y el lector en una inmediata asociación hipertextual evoca el celebérrimo jaiku de Matsuo Bashoo en el que una rana se zambulle en el viejo estanque con ruido de agua. 
    Cada uno de estos diez libros que conforman hasta el momento el ciclo de Eurasia corresponde a una experiencia poética y textual diferente. Algunos entablan el diálogo creativo con los polos de las elipsis que arriba se han definido. Uno de ellos reúne las traducciones de los cuartetos chinos escritos en la dinastía Tang (618-907), los juejus, cuyas versiones al catalán y al castellano (en colaboración con la sinóloga Anne-Hélène Suárez), por la distancia de las lenguas y la proximidad de la sensibilidad artística, el traductor considera como obra propia. Amparándose en una frase de Arthur Rimbaud, je est un autre, Ramon Dachs desarrolla esta actividad intertextual con el propósito de crear una literatura utópica en la que desaparezcan tanto el sujeto de raíz romántica como lo superfluo y enfático, y sólo permanezcan mínimas expresiones poéticas esenciales, libres de contextos especiotemporales. El más conocido de los libros que forman Eurasia es «Poemas mínimos», un conjunto de 41 poemas —la mayoría con tres versos, que a veces se corresponde con tres palabras— que anhelan evocar, en su brevedad, un sentido del universo que se concreta en una experiencia dichosa (del amor, de la naturaleza, de la plenitud...): «la tierra atrae el cielo / trenzándose las aguas / con los pezones blancos».
    Euràsia, el volumen publicado en Barcelona, está formado por dos grandes bloques que responden a un mismo propósito: el primero es una extensa reflexión autobiográfica, impresa en catalán, y el segundo recoge una también extensa entrevista en castellano con parecidos fines que se publicó en el 2003, en la revista «Movimiento actual» de Monterrey.
    Cabría decir, antes de comentar el libro, que este raro género de la autobiografía literaria «en medio del camino» debería ser más frecuente en las literaturas peninsulares, y por esa misma razón al presente trabajo hay que reconocerle virtudes de modelo. Tres son los aspectos que, en general, trata Ramon Dachs en su libro. En primer término, Euràsia es una minuciosa autobiografía intelectual del poeta: no sólo están anotadas y fechadas sus lecturas, sino también los discos, las exposiciones, las vicisitudes biográficas y personales que conforman y determinan una sensibilidad. Este retrato personal tiene de paso un valor paradigmático; aunque no aspire a ello, se puede leer como el dibujo de un época, que empieza en el invierno de 1974, con el poema que Dachs escribe sobre la ejecución de Salvador Puig Antich, y llega hasta el presente. Los lectores que hayan vivido su juventud a mediados de los 70 van a encontrar en la de Dachs muchas referencias de su propia autobiografía intelectual. No otra cosa es una generación, por cierto, sino el haber escuchado y cantado al mismo tiempo las canciones de Qualsevol nit pot sortir el sol, el disco que Sisa publicó en el emblemático 1975.
    En segundo lugar Euràsia es también el apasionante relato de la conversión de un joven con inquietudes en escritor. O más exactamente: la crónica sociológica de su encuentro —acaso mejor llamarlo encontronzo— con los medios culturales establecidos. Dachs, que se atribuye el roussoniano papel de joven e inocente escritor en busca de editor o de apoyo para una edición en verdad importante, como lo fue su versión de los jeujus chinos, narra detalladamente las pequeñas traiciones, los sabotajes íntimos, los espacios acotados y el empujoncito al borde del abismo que son el alimento diario del mundo cultural. Desvela la evidencia de ese oculto principio que lo rige: hacer algo interesante en el ámbito literario siempre molesta a los demás, cuanta mayor envergadura tenga lo hecho, más irrita.
     Y en tercer lugar, el libro es una muy seria y recomendable reflexión sobre la propia obra y los valores estéticos que la orientan: la brevedad, la intertextualidad y el yo impersonal. Reflexión como las que, por cierto, se echan de menos en nuestros medios poéticos, cada vez más lejos de la poesía y más cerca de los poetas. De algunos poetas.

[Quimera nº 258. Junio, 2005]



LIBRO DE AMIGA, seguido de FRONDA ADENTRO, de Ramon Dachs 
Azul editorial, Barcelona, 2004 

Poco antes de morir y como despedida, el poeta sufí del siglo XI Abû Sa’îd ibn Abi’l-Khair escribió dos versos donde juzgaba con lucidez su paso por el mundo: «Ave que posa en la cumbre y en seguida / se aleja, nada le añade, nada le quita» (tomo el ejemplo del magnífico ensayo sobre las formas mínimas en la literatura universal Más allá de las neblinas de noviembre (2001), de Stephen Reckert). Resulta conmovedora, a pesar de los siglos, la densidad que le proporciona al dístico persa la certera brevedad unida al diestro uso de dos símbolos universales («ave» y montaña) y a la sabia comprensión del tiempo mortal («junto / pañales y mortaja» escribirá más tarde Quevedo en un célebre soneto, y en un círculo de escritura fractal titulado «Biografía» inscribirá Ramon Dachs dos palabras-punto: «feto» / «cadáver»).
    El ciclo poético en el que desde hace más de veinte años trabaja Ramon Dachs (1959) —primero en el ámbito de la lengua catalana, pero en el presente ya desde una concepción multilíngüe de la escritura (gallego, francés y, sobre todo, castellano)— busca establecer un diálogo contemporáneo con la esencia que destilan poemas como los del sabio sufí. El título de este ciclo, Eurasia, menciona la intuición bajo la que se construye: la convicción de que las formas primitivas de la poesía del extremo occidental (las cantigas galaicoportuguesas) y del extremo oriental (los jeuju chinos o los jaikus japoneses) comparten un sustrato poético común cuya validez no ha caducado con el tiempo y es capaz de nutrir una escritura de vanguardia. El diálogo que Dachs establece con ambos extremos de la tradición se asienta sobre tres principios: la brevedad, la intertextualidad y el sujeto impersonal. Las formas mínimas proporcionan densidad y contención esencial; el juego intertextual —que aúna la referencia a la memoria ancestral de la que emergían los símbolos tradicionales con la modernísima técnica del hipertexto— permite soñar con una intimidad poética por encima de tiempo, espacio y civilización; y, al fin, ese sujeto anónimo de los poemas primitivos (que incluso en chino no se especifica, y tanto puede ser yo como él) abre las puertas a un yo que, ajeno a la hipersubjetivivdad romántica, pueda encarnar un sentimiento lírico dentro de una práctica artística de vanguardia.
     Este diálogo con los orígenes euroasiáticos de la lírica se da en cuatro niveles diferentes: primero, la versión (en la que el traductor pone tanto de su parte que puede apropiársela); segundo, la recreación; tercero, la creación (ejemplo es su libro más conocido: Poemas mínimos) y cuarto, como conceptualización extrema de la poesía, la escritura fractal (de la que se acaba de publicar una preciosa edición francesa: Codex mundi, Éditions de la Mangrove, Nîmes, 2005 que amplía el catálogo de la exposición que presentó en el IVAM en 1999).
    Libro de amiga y Fronda adentro son dos espléndidos ejemplos del segundo nivel. Se trata de recreaciones de la poesía medieval en las que los mismos elementos léxicos, el mismo sustrato sentimental y parecidos recursos fónicos se ponen al servicio de un texto contemporáneo. Así, el celebérrimo «Poema das Barcas Novas» que João Zorro escribió en el siglo XIII da pie a este de Ramon Dachs: «Barcas nuevas hice partir / a descubrir. // Carabelas mandé zarpar / a naufragar». Texto contemporáneo porque incorpora a la recreación la distancia irónica y el juego conceptual propios de nuestra época. Ambos libros forman parte de la sección «El amor» de Eurasia y contienen poemas que mantienen intacta la delicadeza de los orígenes: «Amiga, amor quiere decir fundar azul. // Despierta, amada, y a volar, quiere decir».

[El Ciervo nº 652-653. Julio-Agosto de 2005]

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