El balcón de enfrente

domingo, 19 de agosto de 2018

Juan Ramón Jiménez en familia


ELLOS, de Juan Ramón Jiménez 
Linteo, Orense, 2006 

Juan Ramón Jiménez fue un incansable soñador de libros. Soñó tanto los títulos que acabaría publicando en su magmática bibliografía, como otros tantos que imaginaba en sus anotaciones personales e incluso les daba carta de naturaleza en las constantes antologías de su obra. Muchos de estos libros imaginados unían unos cuantos poemas a una suerte de selección temática realizada sobre los libros anteriores. Una de las características de JRJ que más pasmo causa es precisamente este remolino perpetuo al que el autor sometió su obra, impidiendo que sedimentara al paso de los libros que publicaba. Sus estudiosos se han empeñado en cumplir todos los sueños del poeta, y con paciencia interpretan sus elípticas notas, reúnen poemas, encuentran inéditos —ese manantial que parece no tener fin y cada temporada, como si se tratara de un autor vivo más, aparecen en las librerías nuevos títulos de JRJ. Este es el caso de Ellos: apenas cuatro poemas en la Segunda antolojía (1922), que fue creciendo en sucesivas ediciones póstumas hasta los 86 poemas de los cuales ocho son inéditos que ahora presenta José Antonio Expósito Hernández, en una edición paciente, cuidadosa, admirable desde el punto de vista filológico y atractiva desde el gráfico, con reproducción de fotografías y originales.
    Cabe preguntarse por qué no completó nunca JRJ el proyecto de Ellos que acarició durante cuarenta años. La respuesta tal vez se encuentre en los propios poemas, que fueron escritos con una contradicción inherente: una densa sentimentalidad por razones temáticas y acaso la conciencia del carácter anecdótico y concreto en medio de una de las épocas de mayor creatividad digamos para resumir abstracta. Ellos es un auténtico libro de JRJ, esta edición reconstruye perfectamente el anhelo poético que lo imaginó, pero es un título menor cuya dimensión la proporciona su mismo asunto: los recuerdos y vivencias familiares en la primera parte y la evocación de madre anciana en la segunda, «A la vejez amada». Los lectores neófitos acaso se pregunten también por qué JRJ titula «Ellos» un libro sobre su familia. De hecho en su juventud soñó un libro así, aunque en prosa (tal vez el que más tarde escribiera: Por el cristal amarillo), al que llamó, de un modo convencional, Nosotros. ¿Por qué Ellos? Una estrofa da la clave: «Y desde mi soledad, / veo bien que van quedando, / en ellos, que oyen, guardada / la labor, los altos cánticos». Es decir, todo cuanto se refiera a la primera persona, también en plural, es patrimonio de la soledad del poeta, y la persona más próxima a esa soledad es la tercera. Los amigos serán «los otros ellos», y aquí se cierra el campo de los afectos en cuestión de pronombres.
    La estrofa que aclaraba el título, ilumina también el arranque afectivo del libro: el poeta reconoce que aprecian su obra y eso abre las puertas de su corazón a la familia sin remordimientos antiguos. Al principio se agrupan los poemas de ese reconocimiento del vínculo familiar: la emoción con que se evoca, el sentimiento de pertenencia, la memoria de los espacios compartidos. La ingenuidad con que se exaltan estos tópicos da paso a los aspectos menos idílicos: los conflictos (cólera, tristeza, enfermedad, muerte…). Arrepentimiento y elegía son los sentimientos que dominan. La segunda parte está dedicada a la ancianidad de la madre, con poemas intimistas, llenos de ternura y encanto. Uno, titulado «En septiembre», simboliza la razón última del libro: «Voy a taparle a su carta / los pies, que esta noche hará / ya frío de madrugada». Distancia de quien se fue y cariño se funden en el corazón del poeta.

[El Ciervo nº 666-667. Septiembre-octubre, 2006]

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