Hay un extraño acierto en el
título de este segundo libro de Pablo Llanos (1974): Palabras de paso, al que los poemas le rinden fidelidad, incluso literalmente.
La concepción de un lenguaje en tránsito parece en nuestra época paradójica, pero
en esencia las lenguas, por más reglas académicas que las sujeten, siempre
están transformándose, incluso en el presente, siempre están de paso. Y lo dicho solo permanece en el momento de ser
pronunciado, luego desaparece. Frente a esta característica del habla, se ha
creado un espejismo, el de las palabras permanentes, la literatura. Que no
resulte contradictorio, sin embargo, escribir poemas y hacerlo de paso parece el propósito del poeta. Y
resulta extraordinario que no solo sea un punto de partida conceptual —un
título—, sino una práctica poética abordada desde todos los aspectos del
lenguaje.
El
primer acercamiento a la transitoriedad de lo que se toma por definitivo se lo
aplica a él mismo. El poema «Fecha de nacimiento», en la primera sección del
libro —«Documento de identidad»—, se propone ilustrar lo que ocurría en el
mundo en ese momento: «El año que nací, lo recuerdo bien, /…/ dimitió Nixon y
en Oporto / una mujer introdujo / un clavel en la boca / de un fusil». Y tampoco
resulta extraño recordarlo, son
sucesos que conocen también quienes habiendo nacido en fechas posteriores es
como si hubieran nacido en 1974. Igual que el poeta recuerda los estragos de la
Gran Depresión «aquella vez que nací en 1940». O «Cuando mi madre me dio a luz
en 1999». O en otros diversos años de su nacimiento: 1980, 1993… Fechas de
nacimiento de paso. A partir de este
autorretrato, en una sección que responde a los epígrafes del carnet de
identidad, el libro sitúa su realidad en el ámbito de lo pasajero.
Los
«Lenguajes de paso» aparecen a continuación, en la segunda sección, como motivo
de indagación poética. Cada poema contempla una manera diferente de
desaparición del lenguaje. Especial interés presenta «Lenguaje en común», que
en sus primeros versos plantea su ardua cuestión: «Dime, cuando muera el amor y
nos separemos para / siempre, ¿cómo repartiremos el lenguaje?». A la que sigue
una evocación estremecedora de esa suerte de criptofasia inversa que provoca la
ruptura amorosa: «Yo me quedaré lava
y tú vajillas. / …/ Para ti café, para mí solo». Este es un segundo acercamiento a la concepción de paso: todo lo concebido como perenne no
está exento de caducidad.
La
sección tercera, titulada como el libro, reúne los poemas que mejor encarnan la
poética de Pablo Llanos. Cada texto se
construye no solo con los habituales tema y forma métrica propios, sino que
desarrolla, como encarnación del tema, recursos de todo tipo (sintácticos,
léxicos, fonéticos, incluso morfológicos) propios y singulares de cada poema.
Como una obra artística que planteara su estilo no en relación al artista, sino
al tema que trata. Cada poema construye su propia poética desde el significado
que busca evocar. Así, en uno de sus extremos, «Surrealismo» está escrito solo
con palabras polisílabas, todas a partir de tetrasílabas. O, aún más extremo,
«Verbalizar», en el que cualquier término se convierte en acción tras
verbalizarse, desde sustantivos (Croquetizaré)
hasta locuciones (Huevofritaremos) o
nombres propios (homersimpsonizar).
La acción aquí propone una transitoriedad sorprendente: cualquier palabra de paso por un poema es susceptible de
adquirir otra identidad.
Esta
tercera sección resulta útil también para trazar las afinidades poéticas del
autor. Muchos de los recursos que utiliza parecen derivar de las vanguardias
históricas, sin embargo, Pablo Llanos no oculta en ningún momento una voluntad realista de concienciación de su poesía:
«romper la barrera / del silencio». Y
conviene subrayar que, sobre el antagonismo entre ambas concepciones
literarias, que sin duda han influido en él, sobrevuela un ingrediente capaz de
desintegrar cualquier articulación dogmática de una influencia, la ironía y el
humor. En su caso, fruto de una constante, irreverente y profunda dedicación.
Entre las citas y en las menciones, el lector descubre repetidos nombres como
el de Gloria Fuertes o el de Oliverio Girondo, con quienes se establecen
afinidades inmediatas. Es fácil ver a Pablo Llanos también en ese punto difuso
donde melancolía y humor se unen mientras caminan sobre los restos calcinados
de las vanguardias y de los realismos, recogiendo pequeños vestigios de aquí y
de allá, con el propósito de devolverle a la poesía todo su imposible esplendor.
Pero
el libro no ha concluido. O quizá sea mejor decir que no se ha reiniciado. La última sección,
«Códigos genéticos», que ocupa un poema en prosa compuesto por catorce
fragmentos, supone un nuevo libro dentro de Palabras
de paso. El poeta vuelve a formular una poética diferente, en la que añade
a su bagaje una dicción de estirpe quevedesca, donde la evanescencia heredada
de las vanguardias se enroca para tensar una reflexión sobre la paternidad. Un
poema espléndido en el que se ofrece, de repente, otro revelador significado
del título del libro: Palabras (de verdad), ya
que estoy aquí.
El libro acaba en alto. Ha culminado las expectativas y concluye abriendo otras que apuntan hacia una evolución prometedora. Conviene, en este momento, contemplar los cinco collages que en forma de ilustración acompañan la edición. Obras de la artista Carmen Hurtado, reinterpretan con valor propio el contenido literario. Y es mejor también no cerrar aún las páginas del libro. Aconsejo que se queden en ellas hasta que transcurran todos los créditos. Sigue una breve «Nota» sobre los poemas, informativa y simpática, pero continúa con una «Bibliografía». No hay que perdérsela, porque es un poema más del volumen. Y aún aparece un par de códigos informáticos que no he secundado y una hermosa justificación de la editora, algo que no había visto nunca, pero que a partir de ahora echaré de menos en los libros que lea. Acaba en alto Palabras de paso, pero siento que no ocurra lo mismo con esta reseña, que, tras su empeño en interpretar las melodías secretas de los poemas, acaba convertida en un el triste escrito de un registrador de índices.
Cao Cultura, 6 de marzo de 2026. Enlace





