Cuaderno de crítica literaria | José Ángel Cilleruelo

jueves, 1 de septiembre de 2022

El paso epistolar | «Breve ensayo sobre la carta», de Laía Argüelles Folch




En el siglo XV, el noble leonés Suero de Quiñones plantó ante el puente del río Órbigo un Paso honroso donde desafiaba, según las órdenes de la caballería andante, a quien quisiera cruzarlo. La gracia de este episodio histórico es que en el siglo XV la caballería medieval, como la mayor parte de las costumbres de los siglos precedentes, había desaparecido. Y cuando algo ya no existe, siempre hay quien lo añora. En la mesa desde la que escribo, sobre un atril reposa la última carta que he recibido, con dos sellos —ya sin franqueo— timbrados, sobre abierto por la parte superior con abrecartas, y fecha de «La Poste / France» del 24 de diciembre de 2021. A diario recibo múltiples cartas, pero desde aquella fecha, ahora hace seis meses, ninguna la he recogido del buzón. El que me acompañe desde entonces a la vista es mi manera de organizar un Paso honroso de lo epistolar.

         Es posible que Laía Argüelles Folch (1986), artista visual, haya sentido una nostalgia parecida. Por edad, se diría que su generación ya ha vivido desde el principio sin correspondencia postal, aunque tampoco Suero de Quiñones había conocido las glorias caballerescas del siglo XIII. De lo que se puede deducir, en primer término, que lo desaparecido también afecta al orden del mundo que espera encontrar quien no lo ha experimentado. Y este podría ser el punto de partida del Breve ensayo sobre la carta (Temporal, Barcelona, 2021), un aviso sobre lo que de sí misma amputa la época cuando renuncia al encanto de sus costumbres más acendradas.

         Hasta aquí alcanza todo cuanto vale la pena sugerir sobre el tema del libro. Y se abre paso lo más interesante: la manera en la que ha organizado la autora su Paso honroso ante el hábito epistolar. Para empezar, no hay un único ensayo en el volumen, sino cuatro, porque cuatro son los conceptos implicados en el título: «Breve» / «ensayo» / «sobre» / «la carta». Y los cuatro revierten, por arte del juego verbal, en el mismo asunto, porque «BREVE en danés significa CARTAS en castellano».

         La primera frase del ensayo marca el tono del conjunto: «Hace ya varios años comencé a escribir notas, frases sueltas, en cuadernos de bolsillo de unas pocas páginas». ¿Es un ensayo o es un diario? De hecho, no hay una única respuesta, sino su combinación. El interés de la escritura es que, siendo un ensayo, su legitimación como tal ha sufrido un giro copernicano, ya no es el asedio al objeto de análisis —su objetividad— lo que refrenda lo afirmado, sino las vicisitudes del sujeto observador —su subjetividad—. Forma parte de un movimiento de fondo de la legitimación literaria, que bascula desde hace algún tiempo hacia lo biográfico, sea procedente de la imaginación más desbordada (ni siquiera Thomas Pynchon se resiste a incluir episodios autobiográficos en Al límite (2013), por el momento su última novela); sea, como es el caso, en el desarrollo de un asunto ensayístico. Lo autobiográfico se convierte, en este libro, en el epicentro de la meditación sobre su objeto, no solo como legitimador de la reflexión, sino también como garante de su consistencia. Por ejemplo, la inmensa bibliografía que se debiera de haber manejado para un estudio así, se reduce a unos cuantos títulos y algunas citas que no cubren ningún campo de análisis, solo el de haber sido leídos y haber interesado a su autora.

         El desarrollo del ensayo también renuncia a la identidad de su coherencia discursiva, en favor de la yuxtaposición de fragmentos. Textos, en general poco extensos, que, en ocasiones, buscan más una expresividad poética que la defensa de un concepto. Uno de los fragmentos más breves se expresa así: «Con la lengua hay quien sabe hacer un nudo con un tallo de cereza; nosotras sellamos cartas». El lector del libro, que conocía la fecha exacta de la carta que ha recibido por última vez, no puede acercarse, ni siquiera aproximadamente, a la última ocasión —de las muchísimas que así lo hizo— en la que cerró una carta con la lengua. Y sigue leyendo con entusiasmo creciente.


[Clarín nº 160. Oviedo. Julio, agosto, 2022]

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