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El balcón de enfrente

viernes, 24 de febrero de 2017

Los poetas que Ramón Andrés ha sido


Ramón Andrés. Poesía reunida. Aforismos 
Lumen, Barcelona, 2016

A uno de los editores de Ramón Andrés le he escuchado alentar el proyecto de una antología de poetas nunca antologados, y dar como ejemplo su nombre. De hecho, se lo he oído contar en varias ocasiones, y en todas ha citado a un único autor, siempre el mismo. Es posible que aquel libro soñado ya haya aparecido, lleve por título Poesía reunida Aforismos y antologue solo tres poetas, los tres poetas que ha sido Ramón Andrés en el curso de su vida. El primero es el que ocupa la parte central del volumen bajo el humilde epígrafe de «Poemas anteriores (1978-1998)». Durante estos veinte años, considerados como previos, publicó tres títulos que aquí antologa con una combinación temática. El segundo poeta, definitivo según la trama que se deriva de la estructura de esta Poesía reunida, presenta un conjunto inédito, titulado Siempre génesis (2013-2015) que, pese a abrir el libro, añora quizá una edición singular. 
    Cabe preguntarse si la comparación entre una sección y otra justifica hablar de dos «poetas», uno fénix del otro. Por una parte, en las dos épocas, separadas por tres lustros de silencio poético y feracidad ensayística, Ramón Andrés trata temas de un mismo ámbito —la naturaleza, los ancestros, la condición humana…—, con idéntico sujeto poético y utilizando las mismas palabras, entonces y ahora. La poética es también semejante: si en sus inicios confesaba que «En no ser recordado estará mi recuerdo»; en el presente es consciente de que «aquí [los] poetas… / son de estar por casa, como yo lo soy». Aunque quizá sí haya una diferencia entre una y otra afirmación. No de contenido, pero sí de tono. Como si su autor hubiera pasado de escribir en estelas de piedra a anotar una impresión sobre la servilleta de un restaurante. 
    Ambos momentos poéticos presentan con frecuencia un sentido odológico; ahora bien, si el primer Ramón Andrés al aludir al camino escribía: «Bajaba por los días amarillos, / a dos pasos del nombre de las cosas, / con la sombra arrancada a los caballos / para que el campo hiciera sus eclipses». Es decir, se expresaba con un lenguaje visionario en el que la realidad aparece como una secuencia de abstracciones. El segundo, ahora, presenta una escritura claramente distinta, donde el lenguaje vierte solo experiencias concretas: «Cuando vas por el monte / y subes, subes / a veces / medio agachado para no pincharte / con la aguja del abeto, / o te detienes para quitar una telaraña…». Otro poema proporciona, entre paréntesis, una primera clave de esta mudanza: «(Poesía menos elaborada no la he visto)». 
    Los temas y los motivos son también los mismos, pero no siempre significan de igual modo. El primer poeta, por ejemplo, anhelaba la firmeza de la identidad que simboliza la «casa»: «donde brilla el centeno al calor de los hornos, / allá donde el ladrillo y el fuego son la casa, / aquella incandescencia en la que ser posibles». El segundo, sin embargo, estremece con su seca lucidez: «Amar es un Sísifo. Subir hacia la casa. / (Subir la casa) / Pared y manos. Empujar, buscar / que algo quede firme / en una parte tuya. Nunca se asienta. / Y debajo de nuevo, / la caída, la nada». Puede que el valor simbólico de «casa» sea análogo, pero entre el uso primero —esperanzado e idealista— y el segundo —desengañado— media una transformación, como la que hubo entre Renacimiento y Barroco. Siempre génesis es su fruto. En este nuevo libro Ramón Andrés emerge como poeta de las tierras altas (del norte de Navarra), de sus valles interiores y de las costas dedicadas a la navegación y a la pesca, atento al valor concreto, vivencial, que tiene cada uno de sus elementos (paisajes, animales, tipos humanos, hábitos…), y sobrevolando estos paisajes algunas ideas sobre la vida y la muerte de dimensión filosófica. Un libro que merece recordarse por su título. 
    Entre estos dos poetas que ha sido Ramón Andrés hay, ya se ha dicho, 15 años de silencio. Este volumen, que no es una recopilación al uso sino una suerte de puesta en escena de una obra poética, quiere desmentirlo. Entre uno y otro poeta hubo un tercero, a partir de 2010, el aforista. El aforismo, cuyo género participa de diversos géneros, puede ser también el producto de una transformación poética. Una evolución de quien escribe versos hacia una esencialidad no pautada. Así lo sugiere esta reunión de poesía y aforística en un único volumen. Los aforismos de Ramón Andrés se insertan en la tradición clásica del género. La mayoría abordan aspectos de la condición humana que fijan un pensamiento de raíz filosófica. Otros prenden su reflexión en matices etimológicos y unos pocos muestran un carácter biográfico («Así …paso buena parte de los días, tentado de vendarme los ojos como hacía Grünewald para estar solo y silenciarse»). Destacan también los de carácter erudito, que saben descubrir paradojas e iluminar rincones oscuros del pasado. Son los aforismos que recuerdan que, con el conjunto de su obra literaria, Ramón Andrés es uno de los grandes autores europeos que han innovado la manera de leer la tradición cultural, en paralelo a Pascal Quignard o Roberto Calasso. Con la ventaja de que Ramón Andrés ha sido, además, tres poetas distintos en el curso de esa obra ensayística monumental de la que es autor.

[Clarín nº 127. Enero-febrero, 2017]

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