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El balcón de enfrente

miércoles, 11 de febrero de 2015

Correspondencia con Álex Chico a propósito de la edición de «Habitación en W»


Álex Chico, Habitación en W.
La isla de Siltolá. Sevilla, 2014

Álex: La habitación que construimos como a nosotros mismos se puebla de lugares que alguien convirtió en literatura y a los que accedemos ya como lugares nuestros expandidos en esa dimensión paralela que es lo que vivimos leyéndolo. Esta triple transformación (lugar vivido-literatura-lugar leído) vierte sobre la realidad una niebla densa que desdibuja contornos y añade distorsión a lo que se ve (acaso misterio). Siendo el mismo lugar el vivido y el leído, entre uno y otro la literatura (la de los autores leídos, pero también la de cada uno, lo que ha escrito) ejerce su labor de metamorfosis y crea una profundidad de campo en la visión de la que la propia realidad carece. Estas reflexiones no han de ser nunca, y no lo son en el libro, explícitas. Los poetas no son teóricos, son poetas. Apenas señalan el punto de partida implícito de tus poemas. La ubicación del sujeto en un lugar transformado, al mismo tiempo ajeno que propio, sin que propiedad y otredad tengan ninguna diferencia que resulte significativa. Y lo que más me ha interesado de Habitación en W es esa evanescencia, ese difuminado con el que insertas los lugares en la experiencia del sujeto. Ese estar y no estar en el espacio que es el que proporciona la lectura siempre en el lector, que está y no está en lo que lee; es decir, que está en la media en la que no puede estar, y que no estar se convierte en intrascendente al lado de la sensación de estar. Eso es lo que más me ha gustado de tu libro. Un libro que, de verdad, da un paso adelante en la tiniebla de sentir el espacio como el tema esencial del sujeto contemporáneo. Somos lugar, cada vez menos tiempo. El tiempo es solo una circunstancia de la verdadera transformación interior de sujeto, que es siempre espacial. Tu libro muestra esa experiencia con una lucidez que pasma.
       El gran problema del espacio es la claridad: suele conducir al costumbrismo o, ahora, a algo peor: el turisteo. Creo que tu libro es una hermosa reflexión sobre eso: el espacio transformado por la literatura nos enseña a vivir lo auténtico del espacio, no su simulacro, no su superficialidad. La vida, no la postal. Lo que desconocemos de lo conocido. Es un gran libro, puedes estar seguro.


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José Ángel: muchísimas gracias. Releer lo que has escrito en El balcón de enfrente es una delicia. Sí, cada vez somos menos tiempo, y somos más lugar. Lo pensaba el mismo 31 de diciembre pasado. No entendía por qué prestábamos tanta atención al paso de un año a otro, si lo importante es el espacio, el lugar que ocupamos y que, a su manera, nos da las claves de lo que somos y de lo que no seremos. Y tienes razón en otra cosa: toda la enumeración del territorio puede conducir al costumbrismo, al turisteo, a la pegatina. Lo verdaderamente importante se encuentra en la otra cara de la postal, en lo que escribimos en su reverso, en la letra que empleamos para hacerlo, en la ubicación del sello. Escribir no es más que atender a lo desconocido por sobradamente cercano. Hay también lo invisible, como diría Gil-Albert. Me alegra que yo la hayas percibido así y que lo consideres, por eso, un gran libro. Uno tiene los lectores que tiene, muchos, pocos o muy pocos. De ahí que me alegre tanto tenerte entro uno de ellos.

[Inédito]

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