El balcón de enfrente

domingo, 8 de abril de 2018

La innovación y las convenciones a propósito de «Nova», de Vicente Luis Mora


NOVA, de Vicente Luis Mora 
Pre-Textos, Valencia, 2003 

En una de las múltiples notas teóricas con las que Vicente Luis Mora (1970) presenta lo que denomina «El proyecto Nova», afirma que no desea «seguir engrosando el numeral de autores convencionales». Tal vez el poeta menos convencional de la poesía española haya sido Garcilaso de la Vega, sin duda la mayor fuente de convenciones aún hoy vigentes. También Mora se inscribe en su tradición: utiliza el endecasílabo y compone algunos sonetos, su poética no es ajena a la idealización amorosa («El poema eres tú / porque eres lo más bello que conozco / y no podré llegar / a definirte») y sus metáforas no evitan la convención petrarquista («desde su llama sé / lo que me hará sufrir / cuando se enfríe»). Esta insistencia en el modelo más prestigioso y repetido de la poesía española desde el siglo XVI parece contradecir los deseos innovadores del autor, que acaso se oculten precisamente en este diálogo con la convención.
    Suele reconocerse el petrarquismo en la triple influencia que Mora subraya a propósito (una forma métrica, un tema y un repertorio léxico determinados) y con frecuencia se olvida lo que el petrarquismo supuso de rasura del conocimiento poético. Un libro como Laberinto de Fortuna, en el siglo XV, desconocía límites en su contenido; en arte mayor castellano se versificaban todos los conocimientos de un poeta, ya fueran históricos, mitológicos o filosóficos. Junto a la revolución métrica (ese cambio de acento de 5ª a 6ª que descubre la música del castellano), Garcilaso impuso un único y exclusivo tema para la poesía lírica: el amor ideal. Fuera quedaron cuantos conocimientos habían acumulado poetas como Juan de Mena para sus versos. Este es el diálogo que «El proyecto Nova» sostiene desde dentro con la tradición petrarquista: el retorno a la poesía lírica de los conocimientos de toda índole que pueda adquirir el poeta, sean de la cultura literaria y artística, o sean de la cultura científica y tecnológica: «te quiero porque el átomo de cesio / es firme y el genoma variable».
    No es el único diálogo con la tradición poética que entabla Vicente Luis Mora. Un célebre soneto de Charles Baudelaire, «Correspondencias», ha sido leído como visión emblemática del simbolismo: por debajo de la naturaleza hay un bosque oculto donde «se responden perfumes, sonidos y colores» en una profunda unidad y al que remiten los símbolos que se ven. Toda la construcción del «proyecto Nova» está fundado en análogas identidades, las que unen música, poesía, pintura, entre sí y con el universo, las que unen arte y naturaleza o amor y ciencia, y unas con otras. Estas correspondencias, sin embargo, no ocurren por debajo de la realidad, sino en la percepción poética de ésta; no están en la tiniebla de las sinestesias, sino en el orden alcanzado por el poema: «Sobre la mesa / un mundo hecho pedazos... / si se ordena desordenadamente / obtenemos la vida... / si conseguimos ordenarla en orden / tendremos la poesía». Esta búsqueda del orden no es sólo lucha contra la entropía, sino, sobre todo, la aspiración a una percepción superior donde, si se permite la paráfrasis, «se respondan escritura, vida y conocimiento artístico y científico».
    Hay en este extenso libro poemas de amor y narrativos, monólogos dramáticos y caligramas, textos líricos y referencias cultas, como en muchos libros convencionales; el autor los presenta bajo los auspicios de un «proyecto» que plantea un diálogo con la tradición poética ambicioso e interesante, pero no se debe olvidar que si merece la pena la exégesis de estas ideas es porque en Nova hay, entre otras muchas cosas, excelentes poemas de amor convencionales.

[El Ciervo nº 630-631. Septiembre, octubre, 2003]

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