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El balcón de enfrente

sábado, 28 de septiembre de 2013

Me acuerdo (siempre) de Fátima Maldonado


Presentación leída el jueves 26 de septiembre 
en el Centro Cultural Generación del 27 en Málaga. 

Me acuerdo del año 1983 en Lisboa: un estudiante del curso anual de cultura portuguesa. Por edad perseguía los libros de Pessoa, no tantos como ahora, es cierto. Gran grafómano, la posteridad, sin embargo, ha superado con creces su obsesión.

Me acuerdo de la Livraria Sá da Costa, en la Rua Garrett. Las letras doradas estilo joyería en la fachada. Eso me impresionaba. Todo en aquella librería —suelo, estantes, techo, empleados— estaba revestido con madera muy oscura. Casi ébano. A ambos lados de la puerta, sendos escaparates. Los libros parecía que reposaran allí sobre cojines satinados. Ni me imaginaba qué volúmenes podían guardar dentro. El joven con pantalones tejanos que era no se hubiera atrevido a entrar jamás. 

Me acuerdo del escaparate de la Livraria Sá da Costa una mañana de diciembre y de mi terror a cruzar la puerta en busca de aquel libro que me había llamado. 

Me acuerdo con frecuencia de aquella época en la que un libro podía brillar en el escaparate tres años después de publicado cuando hoy, tres años después de publicado, un libro está ya en esencia descatalogado. Es decir, vuelve a ser inédito. 

Me acuerdo, cómo no, del título de aquel libro en el escaparate. «Cidades indefesas». Una revelación. 

Me acuerdo de la cubierta. Cartulina blanca, un cuadro renacentista fragmentado, a la vista un hombro desnudo de mujer, unos labios con carmín, una nariz. Sobre la nariz, seccionada, el título. 

Me acuerdo del precio porque está anotado a lápiz en la primera página el volumen. 80 escudos. Al costado veo la fecha de entrada en la librería, 7-83, julio de 1983. Debajo, ya con mi letra, también a lápiz, «Diciembre, 83, Lisboa». 

Me acuerdo de haber abierto sus páginas, frente al empleado con traje y corbata color madera de ébano, y haber compuesto un collage de frases leídas al azar en mi cabeza, que se empezaba a despeñar por ellas. 

Me acuerdo de no haber dudado ni un instante de que había encontrado el libro de mi vida. Bueno, sé que decir algo así parece una exageración, pero posiblemente no lo sea. 

Me acuerdo de haberme dejado arrastrar por el ritmo imparable de los versos camino de una epifanía. 


[Inédito]

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