Cuaderno de crítica literaria | José Ángel Cilleruelo

jueves, 19 de febrero de 2026

La bicicleta cubista | «Un pájaro se eleva de un semáforo» de Inmaculada Moreno




Hay algo que llama la atención al leer el título del último libro de Inmaculada Moreno (1960): Un pájaro se eleva de un semáforo. Inquietud que, antes de abrir sus páginas, obliga a desentrañarlo. Cabe empezar descartando que sea una simple etiqueta temática, tampoco un lema provocativo como a veces se usa para evitarla. Tampoco se trata de un sintagma, sino de una frase en la que se contrastan dos elementos cuya filiación parece comprometida por una discrepancia. Igual que el verbo elegido, «se eleva», que no arrastra una carga semántica menor que los sustantivos. Es posible que esté excediéndome en la alerta sobre el título, porque una lectura literal no tardará en incluir los dos elementos en un único acontecimiento (también vuelan pájaros en la ciudad) y con esta explicación desaparece cualquier intriga. Parto, por lo tanto, de un enunciado que, por el hecho de ser poético, puede enfrentar dos acontecimientos —el vuelo del ave y la ciudad— concebidos como incompatibles. De hecho, la razón que se aduzca para su antagonismo será la raíz de su interpretación. Se me ocurren varias, vida natural frente a vida urbana, sería la más obvia; pero existen otras oposiciones más interesantes, sin ánimo de agotarlas: movimiento y quietud, aspiración y realidad, efímero y persistente o trascendencia e inmanencia.  Como el lector aún no ha leído el libro, es difícil que acierte con la voluntad expresiva de la autora, pero el título ha contribuido a su apertura, en el sentido de haber creado expectativas y una posibilidad de contrastarlas. Conviene destacarlo frente a la mayor parte de los títulos que buscan cancelarlas apelando a una única repercusión.  

         La lectura de Un pájaro se eleva de un semáforo suscita idéntica inquietud que el título. En una lectura literal se puede afirmar que el conjunto recoge, a modo de diario, una experiencia de expatriación. Una temporada en la ciudad holandesa de Leiden, tal como sugiere un incisivo haiku: «Entre molinos, / la dolorosa Leiden / de luz enferma». Los poemas retratan el paisaje urbano y la otredad que le ofrece a una mirada meridional. Ahora bien, lo revelador de este marco temático no es su unidad de acontecimiento, sino lo opuesto, su capacidad para declarar la disyuntiva que plantea el poema entre lo que ocurre y lo que no ocurre, de modo que la descripción de lo percibido migre de lo que existe hacia lo inexistente, es decir, hacia la construcción de un significado que trascienda la estampa, como trataba de hacer el pájaro al alzarse desde un semáforo.    

         En el libro se alternan poemas breves con un pensamiento de tipo aforístico, como el haiku citado, y textos algo más extensos y desarrollados. En estos concurren tres elementos con los que Inmaculada Moreno reconstruye una vivencia escindida, de la que emanará la disyunción. El primero (solo en dos poemas se invierte el orden) es una descripción metonímica de la urbe, casi siempre vinculada al «agua» (esclusa, canal, cauce…), que es el elemento iconográfico central del libro. El segundo es algo que se ve en lo visto, aunque no esté. Y el tercero explicita la identidad de quién percibe lo descrito. Resulta aconsejable empezar el análisis desde este último elemento, el sujeto poético al que se atribuye la experiencia. Es el punto inicial de la disyuntiva. Algunos textos se atribuyen a un diáfano «yo». De hecho, en una lectura literal, sería el grado cero. La visión registrada en el primer poema, sin embargo, se atribuye a «la mujer que posa en la ventana», que solo se podría identificar con el yo a través de un grado de despersonalización. Próximos al yo están también «tus ojos», «tú», «nosotros», incluso apuesto por un sujeto con conciencia generacional en el poema «Cómo consolar esta derrota»; pero ya desvinculando la lectura lírica aparecen otros registros de la experiencia, como «nadie», «todo», «sol de marzo», «niebla», «asfalto»… Es un proceso de desvirtuación leve del yo lírico que se inscribe en la órbita de lo que el libro en su conjunto pretende, que es definir la mirada y su desgarro, no la visión.

         Lo que al mirar se ve en el paisaje sin que forme parte asentada de él, el segundo elemento, crea un constante paradigma con percepciones fortuitas (luces, gritos, nubes), imaginarias o mitológicas (caballeros, leyendas, ciervos, Fortuna, Adán), o subjetivas (criaturas —en varias ocasiones—, destellos, fogonazos). Estas sensaciones no se suman al paisaje, sino que lo interrumpen, lo degradan como haría una mancha de carboncillo sobre una acuarela. Modifican el signo que dominaba la visión primera del poema como descripción urbana, con frecuencia vinculada metonímicamente al campo semántico del «agua». Crean una disyuntiva entre el hecho ciudad y la percepción que lo describe. Es una disgregación sutil, pero significativa como declaración de una incompatibilidad en el seno de la experiencia.

La radicalidad de este efecto se puede rastrear en el inicio de la poesía moderna.  En el inaugural en tantas cosas «Le bateau ivre» hay unos versos que apuntan hacia la disyuntiva que atraviesa las páginas de Un pájaro se eleva de un semáforo. En la estrofa Arthur Rimbaud escribe: «Si deseo un agua de Europa, es la charca / negra y fría donde, en el crepúsculo embalsamado, / un niño en cuclillas, lleno de tristeza, suelta / un barco frágil como una mariposa de mayo». Entre lo que está, «la charca negra y fría», y lo que no está, «una mariposa de mayo», la exposición traza una disyuntiva que vuelca el significado desde la denotación a la connotación, es decir, desde lo que hay —por cierto, la misma imagen poética del agua europea— hacia lo que sin existir reclama en exclusiva el protagonismo. Y no lo exige, sino que consigue establecer desde lo que no existe —la mariposa— el sentido final de lo que existe —la charca—.  

Este es también el propósito del libro de Inmaculada Moreno, la construcción poética de un instante, de una aspiración, de una captación de lo efímero, acaso de una suspirada trascendencia ante el hastío adánico de lo inmanente. Es decir, descubrir en lo fortuito e inexistente la clave de bóveda de lo real, cuando la realidad en sí misma, como las aguas europeas, de repente pierde su encanto. Este empeño, que arranca desde el título —un verso del libro— y arraiga en el desarrollo de los poemas, en trazar una disyunción en la experiencia del lugar, se replica también en el interior de los poemas, en descripciones que escinden lo real desde su reflejo con excelente resultado poético, por ejemplo: «Un ciclista se ondula entre las aguas; / veo ruedas cubistas / bordeando los límites del aire».

Cao Cultura, 7 de enero de 2026 Enlace

No hay comentarios:

Publicar un comentario