Cuaderno de crítica literaria | José Ángel Cilleruelo

viernes, 23 de enero de 2026

La luz del Norte | «Costa Oeste. Poemas de Göteborg», de Fernando Sanmartín






Suecia posee dos costas diferentes, al este la de un mar protegido por el continente, sin mareas, tranquilo, el Báltico; y al oeste la que se abre al mar del Norte, cruzado por fuerte corrientes, mareas y sometido por constantes y violentas tormentas. Göteborg, en la costa oeste de Suecia, mira hacia este mar oscuro, profundo, difícil para la navegación. También la vida en la ciudad bañada por el mar del Norte se impregna de este carácter extremo: «Llueve / soy un esquimal / que da de comer a los perros», son los tres primeros versos de Costa Oeste (Papeles Mínimos, Madrid, 2025), el libro que Fernando Sanmartín (1959) ha escrito durante su estancia en la ciudad sueca. Su obra, tanto en verso como en prosa, emerge atravesada por el espíritu del lugar, y este es la primera característica del libro, la de captar en palabras la singularidad del espacio que le acoge.

Propósito que nunca es descriptivo, ni siquiera narrativo, sino lírico y vivencial. Tras regresar de la visita a un faro en la isla de Hållö, de la que solo se proporcionan estos dos datos, el poema interpreta el lugar desde la indagación del sujeto en sí mismo: «he convalidado mis recuerdos / … / en un faro siempre hay un límite / como en nosotros». El lugar necesita para expresarse solo un nombre propio y su connotación: «Buelavar Linnégatan / la lluvia es una epidemia y un himno». En el espacio arraiga lo que se imagina («En la isla de Brännö / una taberna / … / rincones / la estatura de la tristeza / Dickens el fontanero bebe un whisky») y lo que ocurre en la biografía interior: «Biblioteca de la ciudad / en Götapltsen / leo un poema de Louise Glück / habla del miedo de llorar...». Y cuando la connotación precisa de lo descriptivo, se huye de cualquier estampa para detallar el absoluto azar que caracteriza el presente vivido: «Eriksberg Färjeläje / parada del ferri para ir a Stenpiren / pareja de turistas / tres estudiantes / un hombre en silla de ruedas / padre con una niña tímida / yo / … / el destino se arrodilla y mira».

En los poemas de Costa oeste, Fernando Sanmartín parte siempre de un nombre propio, en sueco, cuya ortografía casi caligramática crea un enigma, a diferencia del «yo», que es «un enigma sin rótulo». Ahí se sitúa el sujeto lírico con el único protagonismo de pertenecer a un lugar en ese instante concreto. Le acompaña a veces una sombra, en forma de evocación literaria o directamente de una lectura. Cruzan personajes anónimos, evocados a partir de pequeñas concreciones. Tras esta sutil evocación de Göteborg, el poema da un salto conceptual para extraer de la situación descrita un pensamiento al mismo tiempo certero y sorprendente. 

 


Calle del aire, 10. Sevilla, 2025

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