Cuaderno de crítica literaria | José Ángel Cilleruelo

jueves, 1 de diciembre de 2016

Escisión y unidad en Juan Bernier


POESÍA COMPLETA, de Juan Bernier
Pre-Textos, Valencia, 2011, 262 págs.

El poema que encabezaba el primer libro de Juan Bernier (1911-1989), y también la reunión ahora de su Poesía completa, posee título de manifiesto: «Deseo pagano», y como tal se ha leído en ocasiones: «¡Oh siglos, volved! / ¡Volved, pues os esperan los dioses, / los dioses del amor y la alegría… / los dioses vivos de la carne y los deseos!». De hecho, esta proclama de resurrección de un paganismo contemporáneo parece más un pórtico para Cántico —el grupo generacional al que perteneció, en el que destacan Ricardo Molina (1917-1968) y Pablo García Baena (1923)— que para su propia obra, fraguada a cierta distancia del optimismo que rezuman estos versos. Cabría subrayar sin embargo que este deseo pagano existió desde el principio como anhelo y aspiración, aunque haya que interpretarlo como un regreso no a los dioses, sino al individuo, al asentamiento de una percepción y de una moral radicalmente individuales. Como escribirá treinta años después de aquel poema inicial: «La masa, la gente, los plurales, / sólo el hombre, del racimo desgajado / sube escalones de cielo y lo divino / baja hacia él».
    La crítica suele distinguir dos grandes etapas en la obra de Bernier, sus dos primeros libros por una parte, y los dos últimos por otra. Hay un evidente rasgo formal en la partición. Durante los años 40 y 50 utiliza el versículo, la frase extensa, compleja, y la estructura reiterativa. A partir de los años 70 y 80, sus poemas, en verso libre, son breves, elípticos y con aire gnómico. Por debajo de esta mudanza en las formas existe también una aventura temática de gran intensidad. Pese al deseo de la vuelta a los «dioses del amor y la alegría», los versos de Bernier no acumulan sinónimos, sino antónimos y adversativas: «La vida es bella… / Pero él llamaba a la muerte». La evocación de la sensualidad desde la perspectiva del potro de tortura, de la riqueza en paralelo a la miseria, del corazón cuyos atributos son «la cólera y la bondad», del amante («sí [era] una realidad hiriente / que el cristal límpido de su alma reflejase un sapo inmundo»), e incluso de Adán y Eva, que al salir expulsados del Paraíso «iban cogidos de la mano y con la cabeza baja; / y Adán amaba a Eva y Eva a Adán». A esta visión de la realidad que aparece siempre escindida se le pueden sumar las más o menos explícitas referencias a la guerra, que había vivido en plena juventud («Los que leéis historia no habéis visto la sangre…»), y en general un tono que sume aquella búsqueda de amor y alegría de la primera época en tiniebla, oscurantismo y opacidad expresionista.
    El cambio formal que culmina en 1977 con Poesía en seis tiempos da paso a un fascinante proceso temático. A este conflicto constante entre bien y mal, a este «sucio paraíso» donde se intuye que el debate entre los deseos del individuo y la norma social ha calado en el alma del sujeto, le sucede un proceso de reunificación del yo a través, primero, de la creación de una geografía mítica sexuada —donde la costa malagueña cumple una papel protagonista («Despliega Málaga bosques de falos…»)—, después, mediante la sutura de la honda herida religiosa en favor del humanismo («Deja hermano la Teología… / lo que te aleja de esta tierra») y, por fin, en una concepción unitaria, no desgajada, de sí mismo, de sus deseos y, sobre todo, del amor. El poema en el que le pregunta «¿Eres sólo el semen… / o eres … la pura entrega a todo lo que vive», concluye definitivo: «Amor es todo / incluso muerte».

El Ciervo nº726-727, sept-oct 2011

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