Como una piedra que impacta en un
estanque de aguas quietas, los poemas de Juan Domingo Aguilar (1993) despliegan
sobre su superficie un collar de círculos concéntricos. En los versos, cada
redondel se corresponde con los diferentes asuntos temáticos afectos a su obra:
la crónica familiar, la evocación amorosa, el juicio del presente, el análisis
de su generación, una poética y la radiografía de la vida solitaria. Con
frecuencia, estos asuntos se conjugan en el desarrollo de un asunto concreto,
creando una retícula temática de gran intensidad. En Un mal de familia
se articulan tres motivos genéricos: la piscina como emblema de la memoria
familiar, una estancia en Ecuador y las desposesiones. En los tres, aunque
parezcan focalizar alguno de sus temas recurrentes (la familia, la soledad), el
lector descubre, entrecruzándose, los otros círculos concéntricos. Incluso, en
alguna ocasión, imbricándose, como en uno de los mejores poemas del libro, «Los
subterráneos», donde familia y soledad se funden de manera sobrecogedora:
«porque la única familia / que recuerdan son los rostros / de los desconocidos
/ reflejados en el cristal / de un vagón nocturno».
Estos elementos temáticos constitutivos de su poética resultan a su vez feraces creadoras de metáforas que impactan en la lectura por su implacable rotundidad: «...con la soledad del que espera / cartas y ni cuerpos...». Un mal de familia, pese a lo concreto del título, añade un nuevo círculo de interés temático que al expandirse convierte un elemento que podría ser episódico en recurrente, y, como tal, en generador de imaginación poética. Se trata de un tema frecuente en otras épocas de la historia de la poesía: el amor imposible. Al que Juan Domingo Aguilar le proporciona matices que, de repente, lo reavivan con impacto: «la única vez que pudo estar / con la mujer que quiso, dice, / fue cuando sus pijamas / se enroscaron en el viento». O, en el poema «Daikin», una declaración de estirpe romántica que el poeta convierte en escritura sagazmente contemporánea: «mira desde que te fuiste / el mundo se secó tanto / que los únicos charcos / que esquivo / son de los aparatos / de aire acondicionado».
Calle del aire, 10. Sevilla, 2025


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